Amar en tiempos revueltos, o cómo la realidad supera a la ficción
Amar en tiempos revueltos, producida por Diagonal TV y emitida por las tardes en TVE, es una telenovela cuya peculiaridad se halla en que está ambientada en la posguerra española.
Esta telenovela -como todas- no tiene una única trama, aunque la historia central es el amor de Andrea -una chica adinerada aunque de ideales progresistas- y Antonio -un joven de clase baja e
ideología marcadamente izquierdista y republicana-. Se conocen, se enamoran, se casan -matrimonio civil- y tienen un hijo. Sin embargo, cuando pasa la Guerra Civil, todo se retuerce hasta el infinito, ya que el franquismo no reconoce su matrimonio, Antonio es encarcelado y Andrea acaba casándose con otra persona para poder salvar a Antonio. A partir de ahí, como es propio de este género, se suceden mil y una historias.
La serie obtiene diariamente unos niveles de audiencia bastante interesantes, que han propiciado la renovación de su contrato hasta finales de junio. No en vano, tiene algunas muy buenas interpretaciones -otras no tanto-, resulta entretenida y, sobre todo, aborda la Guerra Civil española, un tema que podríamos calificar de tabú por la baja cantidad de producciones audiovisuales que a él se refieren. Creo que ahí reside su principal valor, en acercar al espectador corriente de la sobremesa televisiva de 2006 a lo que la significó la Guerra Civil y el franquismo para el día a día de muchas personas también normales y corrientes que vivieron hace 60 años.
Sin embargo, no todo van a ser loas -ya sabéis que esto es un blog sobre indignaciones-. Si bien las vidas de los españoles
en la posguerra fueron auténticos culebrones, la realidad supera a la ficción. Lógicamente, Amar en tiempos revueltos no es un documental. Es una serie que pretende tener una cierta audiencia, que se emite en horario infantil y que, como toda telenovela, se centra en los amoríos y desamoríos de sus personajes, aunque para despertar interés deba eludir algunos condicionantes del momento.
Así pues, por desgracia, la realidad que muestra es dulce en comparación con lo que se vivió en España. Para empezar, Antonio se habría exiliado -en el mejor de los casos- o no estaría vivo; habría aparecido muerto en cualquier cuneta hace mucho tiempo. Y quizás también Andrea, casada con un hombre y con un hijo de otro. De hecho, dadas las tramas, casi no quedaría nadie del reparto inicial: casi todos tendrían que ser reemplazados por defunción. Podríamos poner mil ejemplos que dulcifican la realidad. Por ejemplo, el marido de Andrea piensa en el divorcio. ¿En el qué? ¿Qué es el divorcio? Otro ejemplo sería la pecaminosa relación de Isidro y Pura, que, además, conviven con el todavía marido de ella. ¡Y el cura lo sabe! Y habría mil ejemplos más...
En fin, éstos son algunos de los elementos que me indignan cuando veo la serie y me hacen repetir una y otra vez: "¡Pero si están en el año 42!". No obstante, no quiero por ello empañar los aspectos positivos de esta serie que acerca lo difícil del día a día de los españoles en aquellos tiempos revueltos.

Bichilloo dijo
Aceptamos que la dureza de la novela no se corresponde con lo que en realidad se vivió en la época, pero para ser una novela esta muy bien documentada y se han tratado muchos temas a lo largo de ella, de forma bastante ajustada a la realidad.
Evidentemente, no hace falta reproducir la realidad, precisamente porqué por desgracia fue bastante horrible. Se trata de entretener e ilustrar un tiempo, una época como contexto de una trama determinada.
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Saludos.
10 Julio 2006 | 07:40 PM