La paz y las víctimas
Estos días se celebra el III Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo.
De entrada, me resulta poco clara la definición de terrorismo, en tanto que engloba a grupos de muy diferentes características y, por tanto, con muy diferentes soluciones. Al contrario de lo que algunos maestros de la simplificación quieren obligarnos a creer, no todos los terrorismos son iguales. Y está claro que el protagonismo en este Congreso lo tienen los afectados por ETA, por razones obvias. En ello, pues, nos centraremos.
Siempre me ha parecido importante y necesario el protagonismo de las víctimas, en su afán de lograr justicia y evitar inercias por parte del poder político. Sin embargo, toda la credibilidad y el respeto que le debemos a quien ha sufrido a causa de actos terroristas se diluye cuando las víctimas empiezan a actuar como agentes partidistas. No me refiero a que no puedan intervenir en cuestiones políticas, sino a que no deberían ser tan tendenciosos.
No debemos olvidar que, al menos en teoría, los dos grandes partidos quieren acabar con el terrorismo. En lo único que discrepan es en la forma de hacerlo. Ninguno de los dos partidos representa a ETA o Al-Qaeda. Por tanto, no entiendo la situación. Actualmente, cuando apenas hay atentados, cuando hace bastante tiempo que no hay sangre en los
provocados por ETA, y cuando parece que se empieza a vislumbrar el fin de este grupo terrorista, es cuando más manifestaciones públicas y más quejas hay por parte de las víctimas. Lo siento, pero esto sólo lo puedo entender en el contexto de la sumisión de diversas asociaciones de víctimas a los postulados estratégicos de un determinado partido político. Imágenes como la que aquí empleo no hacen más que mostrar cómo las víctimas confunden su enemigo, más inmersas en la lucha partidista que en la lucha contra el terrorismo.
Respecto a la esperanza de paz que aparece en el horizonte, creo que las víctimas no deberían jugar el papel de oponerse a todo de forma tajante. Creo que tenemos y debemos tener presente el dolor de las víctimas y sus familiares, pero la aspiración de todos debería ser que nunca vuelva a haber víctimas. Para ello, es obvio que harán falta esfuerzos y concesiones. El final definitivo de ETA no puede llegar sin negociación, ya que no estamos hablando únicamente de unos asesinos, sino también de la importante masa social que aquéllos llevan detrás. Los grupos terroristas nunca desaparecen porque sí. Por tanto habrá que hablar y ceder en determinadas cosas; en otras, no. ¿En cuáles sí? Simplificando y teniendo en cuenta que todo esto habrá que analizarlo cuando llegue el momento oportuno, diremos:
- Posible liberación de los etarras sin delitos de sangre.
- Posible acercamiento y reagrupamiento de los presos respecto a Euskadi.
- Posible legalización de la estructura política si condena el terrorismo.
En cualquier caso, todavía no es el momento de tales planteamientos. Ahora mismo, mi llamamiento es el siguiente: No debemos permitir que nadie nos manipule. Todos queremos acabar con el terrorismo de ETA, y debemos poner sobre la mesa todos nuestros esfuerzos para conseguirlo. Nadie debe permitir que la posibilidad de paz sea torpedeada por las trifulcas partidistas. La solución es política, pero no partidista. Y debemos ser todos, víctimas y no víctimas, los que demandemos a los partidos políticos un poquito de responsabilidad en el momento histórico que nos puede tocar vivir.
Hay que hablar. De momento, entre nosotros. Después, ya veremos.

Entreri dijo
me parece que planteas cuestiones muy interesantes: ¿de verdad las víctimas quieren el fin del terrorismo? la razón nos dice que sí, pero... si dejara de haber terrorismo, dejaría de haber víctimas: ¿puede un colectivo desear su desaparición?
14 Febrero 2006 | 05:25 PM