Crítica a ¿Quién se ha llevado mi queso?
¿Quién se ha llevado mi queso? es un libro de autoayuda a modo de fábula, escrito por Spencer Johnson y publicado en la editorial Empresa XXI. Espero poder plasmar en este post toda la indignación que este libro despierta en mí.
Antes de nada os cuento el cuento muy resumido: Hay dos ratones y dos enanos viviendo en un laberinto, en el que consiguen queso como buenamente pueden; hasta que un día encuentran
la Central Quesera, que les proporciona una ración de queso estable. Los ratones son seres irracionales, mientras que los enanos son más reflexivos. Un buen día los protagonistas descubren que ya no hay queso.
Entonces, los ratoncitos se lanzan de nuevo al laberinto a la búsqueda de más queso y acaban encontrando una nueva Central Quesera. En cambio, los enanos se enfadan: "¿Quién se ha llevado mi queso?". Consideran que tienen derecho a su queso y no se mueven de allí. El autor alaba la capacidad emprendedora de los ratones frente al miedo y el inmovilismo de los enanos. Finalmente, uno de los enanos, desesperado, se lanza de nuevo al laberinto, para buscar queso. Tras un largo recorrido, encuentra la Central Quesera donde estaban los ratones, exclamando: "Los ratones llevaban una vida simple. No analizaban en exceso ni complicaban demasiado las cosas. Cuando la situación cambió y el queso se movió de sitio, ellos hicieron lo mismo. Kof prometió no olvidar eso". El otro enano no sabemos si arrancó finalmente o murió de inanición.
Bien. Comencemos ahora con la interpretación y la crítica de esta fábula. Este libro está editado en la editorial Empresa XXI, y es frecuente que las empresas lo regalen a sus empleados. Claro. Ahí vamos.
Voy a hablar de trabajadores, y de la Central Quesera como la empresa que les da un sueldo a sus trabajadores, a pesar de que, para el libro, los trabajadores no trabajan. Un día, misteriosamente, el queso desaparece. ¿Regulación de personal en la Central Quesera?
Los ratones, que son listos porque no piensan, salen inmediatamente a buscar un nuevo trabajo, sin plantearse cómo ni por qué. Sin embargo, los enanos protestan; se quejan de la injusticia que supone dejar a dos personas sin alimento de la noche a la mañana. Lógicamente, los ratones encuentran rápidamente un nuevo trabajo; ya sabemos que eso del paro es un mito, y el hecho de que las empresas no quieran a personas de una determinada edad, otro. Ejem.
Finalmente, un enano, desesperado, abandona a su compañero a su suerte, lanzándose a la búsqueda de nuevo queso. Quizás podría estar buscando un nuevo trabajo, o quizás aceptando un inaceptable subsidio entregado por la empresa como si de un regalo se tratase. El enano que finalmente encuentra un nuevo queso se acuerda de su amigo, pero aquél, "solidario", piensa que es mejor que el otro enano encuentre su propio camino.
El libro resulta, pues, toda una macedonia de "valores" y "derechos" que nos conduce al mito del self-made-man americano con su "si quieres, puedes" (que suele yacer bajo los libros de autoayuda, máxime si, como éste, tienen un trasfondo empresarial). Pero no. Uno no siempre consigue lo quiere, entre otras cosas porque el destino de uno está influenciado por las decisiones de otras personas y por la suerte. Uno puede poner todo su empeño por conseguir su queso, pero, joder, la vida es muy difícil, y golpea sin piedad. Y te pasas la vida dando vueltas por un laberinto, esperando que, cuando encuentres tu Central Quesera, consigas cierta estabilidad. Pero de la noche a la mañana puedes no tener queso, porque al empresario le interesa cerrar de un portazo tu Central Quesera. Y te jodes.
Puede que los ratoncitos sean listos porque actúan sin pensar y salen inmediatamente a buscar un nuevo queso. No está mal animar a la gente a no tener miedo para emprender nuevas acciones. Pero no olvidemos que la vida es muy difícil. No siempre se consigue lo que uno quiere, y es muy duro enfrentarse una vez tras otra al fracaso. Nos hace falta el miedo (siempre que no sea enfermizo). Pero, sobre todo, aunque el autor critique su postura, me parece elogiable que los enanitos se queden protestando por sus derechos, fastidiando los deseos de la Central Quesera de irse de rositas. Los ratones y los enanos generamos nuestro queso trabajando día a día; nadie nos lo regala. Tenemos, pues, nuestros derechos, y es justo que los reclamemos con todas nuestras fuerzas. ¡Que nadie se lleve nuestro queso!

Principito dijo
UHM... Me reservo la opinión hasta consultar al osito de peluche tendido por las Orejas...
2 Febrero 2006 | 01:54 PM